En 1982 mi número 517, me decía que al año siguiente tendría que hacer el servicio militar, y así fue en el Batallón Logístico 10, Villa Martelli, ubicado en avenida General Paz, ingrese a mediados de abril, por aquel entonces adelante del Batallón, sobre la Gral. Paz, se encontraba un autocine.
En el servicio militar conocí, a Eduardo de Barracas, trabajaba en un agencia de noticias del barrio de San Telmo, tal vez aún trabaje, no lo se, fue mi primer amigo, cuando digo amigo significa que fue eso y nada más, nos hemos divertido muchísimo juntos en el servicio militar, ahí también conocí a un chico taxi, de Barrio Norte, de nombre Martín, y juntos con Eduardo y él éramos un gran trío, en secreto, dentro del batallón, ahí salíamos si o si del closet, miles de aventuras viví ahí, fue una experiencia única en todos los sentidos. Pero hay una en principal, el primer sentimiento, hacia alguien, ese alguien era el sargento primero Salum.
También recuerdo a un chico, cuyo nombre no recuerdo pero si conservo una foto, que vivía en Capital federal, que por un accidente de la vida se le disparo el arma y solo hirió a otro, por lo cual lo pusieron a trabajar en el puesto de la cafetería de la mayoría (edificio de oficinas de administración, en la que yo trabajaba con Salum en la oficina de personal), este chico sabia de las aventuras de Eduardo, las mías, entonces un día me dijo: ¿podríamos estar juntos?, pregunte porque, y su explicación fue que quizás cuando salga el juicio, por lo sucedido con su arma, vaya a un cárcel por un tiempo determinado, y ahí él pensaba que sucedian ciertas cosas entre los hombres de la cárcel, y equivocado no estaba, siempre pasan.
Y así pasaron los 13 meses y 10 días, hasta que me dieron la baja, ya estábamos en el año 1984 y en democracia. Solo mantuve contacto con Eduardo, luego del servicio militar y ambos sabiamos de una avenida Santa Fe, que caminaban chicos y un sábado decidimos ir, pero era muy temprano casi la tardecita, incrédulos, él tenía la data de un bar, creo que en la esquina de Junín y Viamonte, no se si aún esta, que se jugaba al pool en el piso superior, y que ahí había chicos, fuimos a ese bar, nos sentamos pedimos un coca-cola, pero no vimos nada en especial, ningún chico especial. Seguimos caminando sin éxito de encontrar a los otros.
Eduardo se fue para su casa, era sábado cerca de las 22 horas, y despues de aquel día hable con él un par de veces más por telefono o no vimos una o dos veces, y nunca más supe de él, cuando yo fui a Retiro a tomar el tren que me llevaría hasta mi casa. Y fue en la estación de Retiro donde vi un chico, subimos juntos al tren, se me acerco, me hablo, hablamos, y me acompaño hasta mi casa, y me espero en la estación, no entiendo porque llegue a mi casa, para decir: Estoy bien... vuelvo a salir... llegaré mañana.
En el servicio militar conocí, a Eduardo de Barracas, trabajaba en un agencia de noticias del barrio de San Telmo, tal vez aún trabaje, no lo se, fue mi primer amigo, cuando digo amigo significa que fue eso y nada más, nos hemos divertido muchísimo juntos en el servicio militar, ahí también conocí a un chico taxi, de Barrio Norte, de nombre Martín, y juntos con Eduardo y él éramos un gran trío, en secreto, dentro del batallón, ahí salíamos si o si del closet, miles de aventuras viví ahí, fue una experiencia única en todos los sentidos. Pero hay una en principal, el primer sentimiento, hacia alguien, ese alguien era el sargento primero Salum.
También recuerdo a un chico, cuyo nombre no recuerdo pero si conservo una foto, que vivía en Capital federal, que por un accidente de la vida se le disparo el arma y solo hirió a otro, por lo cual lo pusieron a trabajar en el puesto de la cafetería de la mayoría (edificio de oficinas de administración, en la que yo trabajaba con Salum en la oficina de personal), este chico sabia de las aventuras de Eduardo, las mías, entonces un día me dijo: ¿podríamos estar juntos?, pregunte porque, y su explicación fue que quizás cuando salga el juicio, por lo sucedido con su arma, vaya a un cárcel por un tiempo determinado, y ahí él pensaba que sucedian ciertas cosas entre los hombres de la cárcel, y equivocado no estaba, siempre pasan.
Y así pasaron los 13 meses y 10 días, hasta que me dieron la baja, ya estábamos en el año 1984 y en democracia. Solo mantuve contacto con Eduardo, luego del servicio militar y ambos sabiamos de una avenida Santa Fe, que caminaban chicos y un sábado decidimos ir, pero era muy temprano casi la tardecita, incrédulos, él tenía la data de un bar, creo que en la esquina de Junín y Viamonte, no se si aún esta, que se jugaba al pool en el piso superior, y que ahí había chicos, fuimos a ese bar, nos sentamos pedimos un coca-cola, pero no vimos nada en especial, ningún chico especial. Seguimos caminando sin éxito de encontrar a los otros.
Eduardo se fue para su casa, era sábado cerca de las 22 horas, y despues de aquel día hable con él un par de veces más por telefono o no vimos una o dos veces, y nunca más supe de él, cuando yo fui a Retiro a tomar el tren que me llevaría hasta mi casa. Y fue en la estación de Retiro donde vi un chico, subimos juntos al tren, se me acerco, me hablo, hablamos, y me acompaño hasta mi casa, y me espero en la estación, no entiendo porque llegue a mi casa, para decir: Estoy bien... vuelvo a salir... llegaré mañana.
Ese chico, esa noche, me enseño todo sobre la avenida Santa Fe, era otra avenida, no la que viví con Eduardo por la tarde de ese mismo sabado, vi sus bares, sus discos, los chicos, éramos muchos, realmente estaba fascinado, con mi coach, quien fue solo eso y nada más.

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